Mayor financiamiento para luchar contra el cambio climático

Mayor financiamiento para luchar contra el cambio climático

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Crédito de la foto: Thep Photos/Shutterstock.com

Imagine un mundo en que los establecimientos agrícolas produzcan alimentos nutritivos y críen ganado saludable sin dañar el medio ambiente. Donde cada aldea, pueblo y ciudad cubra sus necesidades energéticas a partir de fuentes limpias, y donde las ciudades cuenten con sistemas de tránsito no contaminantes, seguros y asequibles. Donde las personas tengan empleos que impulsen el crecimiento sostenible del futuro. Ese mundo está al alcance, pero dependerá de que se enfrenten los desafíos actuales.

El año pasado, la pandemia de COVID-19 destruyó comunidades, desaceleró las economías y empujó a millones de personas (i) a la pobreza. Mientras tanto, la crisis climática no dio muestras de ceder, y 2020 fue uno de los años más calurosos de que se tiene registro (i).

El Grupo Banco Mundial está aumentando su financiamiento para ayudar a los países a abordar la pandemia y el cambio climático, porque un futuro sostenible depende de las decisiones que los países tomen (PDF, en inglés) hoy.


“Un buen desarrollo es positivo para el clima, y la acción climática puede mejorar los resultados de desarrollo”
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Bernice von Bronkhorst
Directora mundial del Grupo de Cambio Climático del Banco Mundial

“Un buen desarrollo es positivo para el clima, y la acción climática puede mejorar los resultados de desarrollo”, afirmó Bernice von Bronkhorst, directora mundial del Grupo de Cambio Climático del Banco Mundial.

Próximamente se pondrá en marcha un Plan de Acción sobre el Cambio Climático que se extenderá por cinco años y promoverá las inversiones transformadoras en los sectores clave que más contribuyen a las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI). Se prevé que las transiciones hacia modelos con bajas emisiones de carbono en los sistemas de la energía, el transporte, las ciudades, las manufacturas y de los alimentos generarán inversiones de billones de dólares (i) y millones de nuevos empleos a lo largo del próximo decenio.

Y ampliar servicios básicos como el agua, el saneamiento, la energía y la conectividad digital mejoraría la salud, la educación y las habilidades de millones de personas, les ayudaría a enfrentar el cambio climático, y permitiría a los países salir fortalecidos de la pandemia de COVID-19.

“Si movilizamos la innovación y el capital del sector privado, podemos lograr una profunda transformación hacia una economía con bajas emisiones de carbono, sin dejar de crecer y crear empleos”, dijo Vivek Pathak, director de las operaciones vinculadas con el clima de la Corporación Financiera Internacional (IFC), la entidad del Grupo Banco Mundial dedicada al sector privado.

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Ramesh Dudiwadia, que trabaja en una mina de sal, limpia sus paneles solares al amanecer en Little Rann Off Kutch (India). Fotografía: © Dominic Chavez/Corporación Financiera Internacional.

Impulsar la transición hacia la energía limpia

En apenas unos años, las plantas de energía solar y de energía eólica terrestre se han transformado en la manera más barata de generar electricidad (i) en la mayoría de los países. Algunos de ellos ya satisfacen la mayor parte de sus necesidades energéticas diarias con energías renovables propias. Y aun en el contexto de la pandemia de COVID-19, en 2020 se añadieron más de 260 gigavatios de energía renovable (i) a nivel mundial, superando en casi un 50 % el récord anterior.

En 2019 se alcanzó la cifra de 11,5 millones (i) de empleos en el sector de las energías renovables a nivel mundial, y de aquí a 2030 la transición hacia economías resilientes y con bajas emisiones de carbono podría crear más de 200 millones de puestos de trabajo nuevos netos (i) en 24 de las principales economías emergentes, siempre y cuando se centren en las inversiones verdes durante este decenio.

Pero para sanear los sistemas energéticos, será necesario impulsar medidas simultáneas en diversos frentes:

  • Descarbonizar el sector energético ampliando el apoyo a las energías renovables
  • Mejorar la fiabilidad del suministro de electricidad en un mundo donde los cortes de energía cuestan USD 185 000 millones por año (i) en los países de ingreso bajo y mediano
  • Apoyar a los países para que puedan emprender una transición justa hacia la eliminación del uso de carbón
  • Aumentar la escala de la eficiencia energética
  • Eliminar los subsidios a los combustibles fósiles, sin dejar de ampliar el acceso a la energía

“La descarbonización del sector energético será una realidad”, dijo Rohit Khanna, gerente del Programa de Asistencia para la Gestión del Sector de Energía (ESMAP). “Aunque es cierto que no se está avanzando lo suficientemente rápido, el camino a seguir es muy claro, y es un hecho que durante nuestras vidas seremos testigos de la producción de electricidad con cero emisiones de carbono”.

En los últimos cinco años, el Grupo Banco Mundial ha apoyado la generación o la integración de 47,5 gigavatios de energía renovable y ha invertido USD 13 000 millones en mejorar la eficiencia energética, y tiene intenciones de avanzar más y más rápido.

En India, por ejemplo, el Banco respaldó la construcción del proyecto de energía solar de gran magnitud en Rewa, que con 750 megavatios es uno de los más grandes del mundo, dio el puntapié inicial para un mercado de paneles solares para techos, y apoyó el Programa de Fomento de la Eficiencia Energética, mediante el cual se distribuyeron millones de bombillas y tubos LED, ventiladores de bajo consumo energético y faroles públicos LED. Se prevé que este programa de eficiencia energética reducirá en casi 100 millones de toneladas las emisiones de CO2 durante su plazo de vigencia.

Con el apoyo del Grupo Banco Mundial, las primeras plantas solares a gran escala de Zambia (i) están abasteciendo con energía a 30 000 hogares y empresas y diversificando la matriz energética del país. El mismo programa que ayudó a Zambia se está llevando a cabo en otros países africanos y en Uzbekistán.

Transformar el transporte

Actualmente, el transporte representa una cuarta parte de las emisiones de GEI derivadas del consumo energético mundial, y la tendencia no es alentadora. En 2030, el tráfico de pasajeros anual superará los 80 billones de pasajeros-kilómetros, un aumento del 50 % con respecto a 2015; el volumen mundial de cargas aumentará un 70 %, y habrá 1200 millones de automóviles más en las calles, el doble del número actual.

Transformar el transporte es una prioridad urgente para que las personas puedan moverse, respirar y ser productivas y para reducir los costos de las interrupciones del transporte, que en los países de ingreso bajo y mediano ascienden a USD 107 000 millones por año.

Esta transformación exigirá una gama de soluciones, entre otras, las siguientes:

  • Fomentar el transporte público resiliente al cambio climático
  • Impulsar reformas a nivel de las políticas y las normas
  • Promover el uso de opciones con bajas emisiones de carbono en el sector del transporte de carga
  • Invertir en equipos eficientes desde el punto de vista energético
  • Potenciar la transición hacia sistemas de movilidad eléctrica (vehículos y flotas que funcionen con electricidad)

Existe un importante potencial. En 2010, apenas unos 17 000 automóviles eléctricos circulaban en el mundo. En 2019, el número aumentó a 7,2 millones (i). Varios de los principales fabricantes de automóviles han anunciado recientemente sus planes de fabricar vehículos eléctricos, y algunos se han trazado el objetivo de producir solo automóviles de ese tipo a partir de 2030.

“Un factor importante es la revolución en la tecnología de las baterías, que ahora son más baratas y livianas, han mejorado su densidad de energía, son más confiables y pueden recargarse un mayor número de veces”, señaló Franz R. Drees-Gross, director de Infraestructura del Banco Mundial para la región de América Latina y el Caribe.

El Grupo Banco Mundial apoya los sistemas de transporte público, tales como los autobuses de tránsito rápido y los metros; los autobuses y vehículos eléctricos; las opciones no motorizadas, como caminar y usar bicicletas, y la incorporación de elementos ecológicos en las flotas gubernamentales.

“La combinación entre la tecnología, la inversión y la escala en los autobuses y otros vehículos eléctricos intraurbanos de uso intensivo pronto llegará a un punto en que la fiabilidad y las ventajas en materia de costos precipitarán la desaparición de los motores de combustión interna”, dijo John Graham, especialista principal del sector de Transporte Mundial de IFC.

Modernizar el transporte de carga también ofrece amplias ventajas; por ejemplo, usar amoníaco e hidrógeno como combustibles para las embarcaciones (i) en vez de combustibles fósiles no solamente reduciría las emisiones, sino que podría ayudar a muchos países a ingresar al mercado de los combustibles con cero emisiones de carbono y permitiría modernizar la infraestructura energética e industrial.

Bangladesh está promoviendo el transporte de carga por vías navegables interiores (i) a fin de reducir la contaminación y los costos de transacción, así como para mejorar la fiabilidad y eficiencia del transporte de carga en el país.

Y a través del Proyecto de Mejoramiento de la Logística Ferroviaria de Turquía (i), las cargas que se habrían trasladado en camión se transportarán en vías férreas renovadas que conectarán las zonas industriales con los puertos, con el objetivo de reducir tanto los costos de transporte como las emisiones de GEI.


Crear ciudades sostenibles

Un mundo más sostenible necesitará ciudades más sostenibles. Actualmente, las ciudades albergan a la mitad de la población mundial. En 2050, más del 70 % de los habitantes del planeta vivirá en las ciudades.

Avanzar hacia una transición urbana resiliente y con bajas emisiones de carbono implicará:

  • Promover el desarrollo orientado al tránsito
  • Mejorar el suministro de agua y los servicios de saneamiento
  • Brindar energía limpia
  • Fomentar economías circulares que reciclen los desechos
  • Mejorar la eficiencia energética promoviendo normas de construcción más estrictas o reacondicionando las construcciones existentes
  • Aumentar la resiliencia

“Estamos analizando maneras de aplicar soluciones basadas en la naturaleza, como los manglares para la gestión del riesgo de inundaciones, y de fortalecer la resiliencia de las ciudades. Todos estos aspectos no solo son importantes para nuestro futuro climático, sino también para la calidad de vida en las zonas urbanas”, señaló Anna Wellenstein, directora de Desarrollo Sostenible para la región de América Latina y el Caribe.

En Mozambique, el Proyecto Ciudades y Cambio Climático (i), que incluye un sistema de drenaje de las aguas pluviales con 11 kilómetros de canales y sistemas de control de las inundaciones para prevenir estos desastres, ha fortalecido la resiliencia ante los peligros relacionados con el clima, y ayudó a la ciudad portuaria de Beira a recuperarse con rapidez de los devastadores ciclones Idai y Kenneth.

En Vietnam, un país en rápido proceso de urbanización, el Proyecto de Mejora Urbana (i) permitió mejorar las conexiones de suministro de agua y alcantarillado, y reacondicionar calles, cloacas, lagos, canales y puentes, en beneficio de 7,5 millones de personas pobres de las zonas urbanas.

Hasta fines de 2020, a través del sistema de certificación de edificación ecológica, EGDE de IFC, que ha sido reconocido a nivel internacional, se habían certificado más de 16 millones de metros cuadrados de superficies construidas.

El Banco también ayudará a ciudades y pueblos a acceder a más financiación y a las herramientas y el apoyo que necesitan para integrar el riesgo en la planificación urbana y en el uso de la tierra.

Manufactura

Las actividades de fabricación, en particular la producción de materiales base como químicos, acero y concreto, exigirá nuevas tecnologías para propiciar una transición rápida y asequible hacia un modelo de desarrollo con bajas emisiones de carbono.

La electrificación de la industria aumentaría la eficiencia energética, y si se basa en el uso de energías renovables o en hidrógeno verde, reduciría considerablemente las emisiones de GEI y desempeñaría un papel importante en la transición energética (i).

El Grupo Banco Mundial está apoyando los parques ecoindustriales de varios países, entre ellos Bangladesh, donde se prevé que el Proyecto de Inversión Privada y Emprendimientos Digitales (PDF, en inglés) creará 150 000 empleos nuevos, atraerá inversiones del sector privado por USD 3700 millones, beneficiará a 150 empresas que utilizan servicios e instalaciones ecológicas y resilientes, y reducirá las emisiones de GEI en 30 000 toneladas por año.

El primer préstamo azul (i) de la historia, dirigido a promover el uso sostenible de los recursos oceánicos, ayudará a un fabricante mundial de resinas plásticas a reciclar 50 000 millones de botellas de plástico (i) todos los años de aquí a 2025 en cuatro países de Asia y uno de América Latina.

El Banco Mundial ayudará a los países a desarrollar políticas que promuevan un crecimiento resiliente y con bajas emisiones de carbono, y al mismo tiempo los apoyará para hacerlos más competitivos. IFC y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA) aplicarán los principios de bajas emisiones de carbono a las inversiones en el sector de la industria pesada, evaluarán los factores climáticos relacionados con los proyectos y no financiarán nuevas plantas de energía alimentadas a carbón.

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Una persona utiliza un sensor con GPS para supervisar el desempeño de las máquinas que trabajan en arrozales en Pakistán. Crédito de la fotografía: Flore de Preneuf/Banco Mundial.

Una transición verde para los sistemas de la agricultura, los alimentos y el uso de la tierra

Para alimentar a los 9700 millones de personas que se prevé que vivirán en el planeta en 2050, se necesitarán un planeta saludable y un sistema alimentario próspero. Pero las actuales prácticas insostenibles de producción agrícola ocasionan elevadas emisiones de GEI, pérdida de bosques y de biodiversidad, degradación de la tierra, agotamiento del agua, contaminación y enfermedades.

Para hacer frente a la inseguridad alimentaria y proteger los bosques, será necesario ampliar la agricultura climáticamente inteligente y las soluciones basadas en la naturaleza.

“Las nuevas tecnologías desempeñan un papel clave y deberán recibir más apoyo, dado que las iniciativas de investigación y desarrollo en la agricultura son reducidas cuando se tiene en cuenta la importancia del tema”, dijo Stephane Hallegatte, economista principal del Grupo de Cambio Climático del Banco Mundial. “No existen soluciones mágicas y todavía queda mucho por hacer, entre otras cosas, promover dietas más saludables y sostenibles, mejorar la gestión del uso de la tierra, aplicar rigurosamente las normas de protección de las zonas naturales, reducir el desperdicio de alimentos y mejorar la logística alimentaria”.

“Una de las cosas en las que estamos haciendo mucho énfasis es lo que llamamos los ‘tres beneficios’ en la agricultura, es decir, buscar inversiones resilientes desde el punto de vista climático, reducir las emisiones y aumentar la productividad simultáneamente”, dijo John Roome, director de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial para la región de Asia meridional.

En Colombia, por ejemplo, los agricultores están usando un sistema silvopastoril que combina pasturas, plantas pequeñas y hierbas con arbustos y árboles para alimentar a los animales y para otros usos complementarios. Esta práctica ha aumentado los ingresos en hasta USD 523 por hectárea al año y ha permitido incrementar la producción de leche en un 36,2 % en promedio.

A fin de aprovechar las soluciones tecnológicas para mitigar el problema del desperdicio de alimentos, en 2020, IFC invirtió en Apeel Sciences, una empresa que desarrolló un recubrimiento vegetal para ayudar a agricultores, proveedores y minoristas a ampliar considerablemente la vida útil de las frutas y hortalizas frescas y reducir las pérdidas y la necesidad de refrigeración.

El Grupo Banco Mundial apoyará a los países para que puedan transformar los sistemas agrícola y alimentario mientras se avanza hacia la seguridad alimentaria como prioridad universal urgente. Preservar los bosques, y en general, el capital natural, es un aspecto clave de esta transición.

“Existe un consenso prácticamente general sobre la necesidad de propiciar una recuperación que sea más justa, más segura y más sostenible”, señaló Richard Damania, economista jefe de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial. “Las decisiones que los Gobiernos tomen hoy sobre la manera en que reactivarán sus economías tendrán consecuencias de largo plazo que definirán su desarrollo por décadas”.

Para informarse más sobre la manera en que se están produciendo estas transiciones hacia un futuro con bajas emisiones de carbono, así como sobre otras políticas, innovaciones y mercados transformadores que están promoviendo soluciones resilientes y bajas en carbono, le invitamos a participar en Innovate4Climate (25 al 27 de mayo de 2021) (i), un importante evento anual del Grupo Banco Mundial sobre el cambio climático. La asistencia es gratuita, pero es necesario registrarse de antemano.

Fuente Banco Mundial

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