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CIEN: La fortaleza de las instituciones es clave para el desarrollo de la industria extractiva

Los gobiernos en países con institucionalidades débiles deben hacer un esfuerzo adicional por mejorar éstas si deciden promover la explotación de los recursos naturales no renovables.  

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Una característica común entre los países en donde encontramos casos exitosos de la industria extractiva, es la existencia de un marco institucional sólido y estable, indica el informe del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

Sin embargo, pese a los innumerables casos de éxito, la literatura económica tradicional concluye en una correlación generalizada entre bajo crecimiento económico y la dependencia en la explotación de materias primas, especialmente de productos mineros.

Mucho de esto se atribuye, según el informe, a que los recursos simplemente son extraídos sin ninguna consideración económica, social o ambiental hacia las comunidades cercanas a los yacimientos.

Esta explicación es en parte válida para aquellos países que han fracasado a pesar de sus riquezas naturales, como el Congo o Sierra Leona. Sin embargo, autores como Weber‐Fahr (2002), así como McMahon y Remy (2001), al hacer una segmentación más exhaustiva de los países cuyas economías son altamente dependientes de la explotación de materias primas, encuentran resultados diferenciados que ponen en perspectiva las conclusiones previas.

Básicamente, estos autores evidencian casos extremos, con tasas de crecimiento económico muy altas y muy bajas en estos países; el elemento diferenciador es la infraestructura institucional.

Aunque en estos tiempos no necesariamente son dependientes del sector de minas y canteras, países considerados actualmente como industrializados, avanzaron primero en dicho sector. Al inicio, como parte de ese mismo proceso de industrialización y, luego, como países suplidores de materia prima en la trayectoria de desarrollo.

Tanto el proceso de industrialización, como el desarrollo del sector de minas y canteras, requieren de una institucionalidad sólida. Esta realidad no ha cambiado.

No es suficiente contar con los recursos naturales suficientes para que el sector de minas y canteras se desarrolle, también es importante contar con la institucionalidad que permita garantizar las inversiones realizadas en el sector minero, o cualquier otro.

Esto implica, además, que debe garantizarse el respeto a los derechos de las poblaciones, así como la obligación de responder por los daños y perjuicios que se ocasionen.

Es importante distinguir, afirma el informe, entre instituciones y organizaciones, pues dentro del marco teórico de la economía institucional hay una diferencia entre ambos conceptos.

La evolución de las instituciones deviene, precisament,e de la interacción que hay entre estas y las organizaciones. Así como las instituciones son las reglas del juego, las organizaciones vienen a ser los jugadores.

Es importante distinguir esta diferencia, pues dentro del marco teórico de la economía institucional hay una diferencia entre ambos conceptos.

No sorprende, entonces, que exista una alta coincidencia entre aquellos países con una institucionalidad sólida: La atracción de inversión hacia el sector de minas y canteras, y la transformación en bienes industriales de la explotación de estos recursos naturales.

Países como Canadá y Estados Unidos, los grandes inversionistas y productores en minas y canteras, también son los que mejor califican en el ranking del Fraser Institute. Pero, incluso países latinoamericanos como Chile, México y Perú, han logrado avances importantes para aprovechar estos recursos naturales.

Sorprenden casos como el de Botsuana, país africano que hizo las reformas necesarias para convertirse en uno de los participantes de mayor crecimiento en este mercado global, que hoy es reconocido como uno de los milagros africanos.

De una gran pobreza hace pocas décadas, hoy es uno de los países del continente africano con mayores niveles de ingreso per cápita y de mayor desarrollo social, similares a los de Costa Rica. Mucho de este desarrollo se basa, principalmente, en la explotación de sus recursos mineros, con el respaldo de instituciones formales.

Esto queda contrastado con Sierra Leona o el Congo, países africanos con grandes riquezas naturales, pero sumidos en la miseria y con serias deficiencias institucionales. Weber‐Fahr (2002) resalta que una cosa es aprovechar los recursos naturales y otra es saquearlos.

De acuerdo con esta autora, definitivamente el fracaso de muchos países africanos dependientes de la industria minera, se puede rastrear en su historia de dictaduras militares y constantes guerras civiles. Incluso, los mismos diamantes del Congo y Sierra Leona han ayudado a varios líderes a financiar sus guerras y revoluciones.

Estos casos demuestran la compatibilidad del sector de minas y canteras, con un desarrollo económico y social sustentable, en aquellos países que se comprometen con un ambiente institucional sólido.

No basta la disponibilidad de recursos naturales, porque países con abundantes yacimientos, pero sin una institucionalidad adecuada, son incapaces de aprovechar aquello con lo que la naturaleza los favoreció.

En general, con o sin recursos naturales, con o sin aprovechar el desarrollo de su sector minero, países con deficiencias institucionales en general, continuarán siendo pobres.