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Adoptar una perspectiva integral de la riqueza para enfrentar los desafíos de desarrollo actuales

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El mundo enfrenta enormes desafíos interrelacionados: la pandemia de COVID-19, el cambio climático y la pérdida de la naturaleza. Son crisis que obligan a replantear el enfoque y la comprensión del desarrollo. Mientras que los encargados de la formulación de políticas, los inversionistas y los especialistas en desarrollo de todo el mundo intentan determinar cómo embarcarse en una trayectoria de desarrollo más verde, más resiliente e inclusiva, el producto interno bruto (PIB) sigue siendo uno de los principales instrumentos para evaluar el estado de la economía. Sin embargo, el PIB no ofrece un panorama completo.

Al igual que una empresa determina su valor analizando sus ingresos y su balance general, los países deben complementar el PIB con un análisis de su cartera de activos para entender mejor la sostenibilidad de su crecimiento económico. Por sí solo, el PIB no es suficiente para salvaguardar la prosperidad. De hecho, las políticas centradas en el crecimiento del PIB a menudo buscan aprovechar al máximo las oportunidades de obtener ingresos a corto plazo a expensas de los ingresos y el bienestar futuros, entre otras cosas degradando la naturaleza en aras de obtener ganancias en el corto plazo.

El informe La riqueza cambiante de las naciones 2021 (i) es la última edición de una serie en la que se presenta el concepto de riqueza como un indicador complementario del PIB. En el documento se estudia la riqueza de 146 países entre 1995 y 2018 y se mide el valor económico del capital natural renovable (como los recursos forestales, agrícolas y oceánicos), del capital natural no renovable (como los minerales y los combustibles fósiles), del capital humano (los ingresos que genera una persona durante su vida), y del capital producido (como los edificios y la infraestructura), y los activos externos netos. Al analizar todos estos activos, que sustentan el ingreso nacional, la contabilidad de la riqueza constituye un instrumento para dar seguimiento a la sostenibilidad del progreso económico en el futuro.

Desde la última edición del informe, en 2018, se han hecho grandes avances en la manera de cuantificar la riqueza nacional. Entre otras cosas, se han agregado mediciones para el capital natural azul, como las pesquerías marinas y los manglares, y se ha aumentado el número de países incluidos, lo que hace que estas cuentas de riqueza sean las más completas disponibles. Y por primera vez, en el informe se examinan las previsiones de los efectos de riesgos futuros, como el cambio climático y la transición hacia un modelo con bajas emisiones de carbono.


Riqueza a nivel mundial: principales conclusiones

Algunas noticias son buenas: a nivel mundial, la riqueza aumentó considerablemente entre 1995 y 2018, y los países de ingreso mediano están alcanzando a los países de ingreso alto, en gran medida debido al rápido crecimiento de Asia. Durante dicho período, los países de ingreso mediano alto duplicaron con creces su riqueza total.

Sin embargo, al analizar más de cerca las cuentas de riqueza se observa un panorama menos alentador. Desafortunadamente, persiste la desigualdad entre los países. Entre 1995 y 2018, la participación en la riqueza mundial de los países de ingreso bajo, donde vive el 8 % de la población mundial, se mantuvo prácticamente sin cambios, por debajo de un 1 %. En lo referido a la riqueza per cápita, un indicador de la sostenibilidad, las tendencias también son preocupantes. En 26 países, de los cuales casi la mitad se encuentran en África al sur del Sahara, la riqueza per cápita en realidad disminuyó entre 1995 y 2018.

Si bien la riqueza está aumentando en todo el mundo, en algunos países este incremento podría ir en detrimento de la prosperidad futura. Aun en un contexto de aumento del PIB, si la riqueza de algunas categorías de activos está disminuyendo, el crecimiento podría ser insostenible. La disminución de la riqueza per cápita va en contra de uno de los principios clave de la sostenibilidad: que las generaciones futuras no queden en peor situación que las actuales.

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Cambios en la riqueza total y per cápita, 1995 a 2018

Capital natural renovable

El capital natural renovable, como los bosques, las tierras cultivables y los recursos oceánicos, constituye una enorme proporción de la riqueza en los países de ingreso bajo. Este tipo de capital brinda servicios ecosistémicos clave de los que dependen las economías y los medios de subsistencia. Esto implica que, desde la perspectiva del desarrollo socioeconómico sostenible y la reducción de la pobreza, es aún más importante gestionar esta riqueza con cuidado y no agotar los activos naturales en aras de aprovechar oportunidades de aumentar los ingresos en el corto plazo.

Si bien en términos de valor, la riqueza del capital natural renovable está aumentando, su proporción en el total de la riqueza está disminuyendo, y el cambio climático representa una creciente amenaza. Entre los países de ingreso bajo y mediano, la riqueza forestal per cápita disminuyó un 8 % entre 1995 y 2018, en gran medida debido a la degradación y a la conversión de las zonas boscosas en superficies agrícolas. A nivel mundial, el valor de las poblaciones de peces se ha desplomado un 83 % debido a la mala gestión y a la pesca excesiva. Sin embargo, el valor de los servicios de protección contra las inundaciones que ofrecen los manglares ha aumentado más de 2,5 veces hasta alcanzar los USD 547 000 millones. El valor de las zonas protegidas también ha aumentado con rapidez. Las inversiones en estos tipos de capital natural podrían ayudar a los países a incrementar su resiliencia y su riqueza futura.

Si bien en esta edición del informe todavía no se asigna ningún valor a la energía renovable, los activos de energía hídrica, eólica y solar podrían ofrecer una considerable riqueza a las naciones. Mejorar las políticas climáticas y energéticas, por ejemplo, asignando un precio a las emisiones de carbono, podría suscitar un rápido aumento del valor de los activos energéticos.

Capital humano

El capital humano, que se calcula en función de los ingresos de la población a lo largo de su vida, es la fuente de riqueza más importante en el mundo, y representó un 64 % del total de la riqueza mundial en 2018. Gracias a sus mayores inversiones en el capital humano, la participación de los países de ingreso mediano en el total mundial de este tipo de riqueza ha aumentado considerablemente. En general, la proporción del capital humano con respecto al total de la riqueza aumenta a medida que los países alcanzan mayores niveles de desarrollo económico, con la excepción de los países de ingreso alto cuya riqueza depende de los combustibles fósiles, y en los que el capital humano representa la menor proporción. Sin embargo, las disparidades de género limitan el desarrollo del capital humano. Durante los pasados 25 años no se han logrado muchos avances para mejorar la paridad de género. A nivel mundial, en 2018 las mujeres representaban apenas un 37 % del capital humano, un aumento de apenas 2 puntos porcentuales desde 1995. Las mujeres representan menos de un 40 % del capital humano en todos los niveles de desarrollo.ImageProporción de activos de capital natural no renovable en el total de la riqueza: Países donde esa proporción es mayor, 2018La contaminación del aire en los espacios abiertos y cerrados también está limitando el potencial del capital humano. Si la contaminación atmosférica no ocasionara muertes prematuras, el capital humano a nivel mundial habría sido un 0,3 % más alto en 2018.Si bien los efectos a largo plazo de la pandemia de COVID-19 aún se desconocen, se prevé que los países de ingreso bajo, que con respecto a 2018 perderán un 14 % de su capital humano, serán los más perjudicados. En términos de la proporción del capital humano, se prevé que África al sur del Sahara y Asia meridional sufrirán los mayores retrocesos.

Fuente Banco Mundial

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