El redescubrimiento del Jade en Guatemala

El redescubrimiento del Jade en Guatemala

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Una pareja de estadounidenses localizó en los años 70 los yacimientos prehispánicos

 

La industria de Jade en Guatemala da empleo a más de tres mil guatemaltecos

 

Entre 2002 y 2003 se divulgaron los hallazgos y empezó la extracción ilegal

 

 

Una pareja de estadounidenses emprendió en los años 70 una aventura, culminar el trabajo que había iniciadoWilliam F. Foshag, autor del libro Minerological Studies in Guatemalan Jade (Ins­tituto Smithsonian, 1957), la tarea de encontrar los yacimientos del jade prehispánico.

El proyecto, que al final terminó uniendo las vidas de Jay Ridinger y Mary Lou Johnson, arrancó con la idea de Ridinger, quien que vivía en Antigua Guatemala, que nació luego de leer el libro de Foshag y analizar el mapa de la región del valle del río Motagua, el que marcaba los probables sitios de dichos yacimientos prehispánicos.

Ridinger invitó a su amiga Mary, quien recién había concluido su maestría en antropología y arqueología en la Universidad de Las Américas de Cholula, Puebla, y en febrero de 1974, empezaron a trabajar para localizar los sitios en los cuales las antiguas civilizaciones obtuvieron el jade.

 

El camino

La primera fase consistió en trabajar en los mapas geológicos y el material para efectuar los análisis de identificación. Luego, ubica­ron en los mapas los posibles sitios en donde podrían haber estado los talleres prehispánicos e iniciaron la búsqueda.

Fueron varios meses de caminar, de revisar, de analizar piedras hasta que un día encontraron el fragmento de una piedra en una zona con evi­dencia de que podría haber sido el albergue de esos talleres que andaban buscando.

La pie­za parecía ser perfecta y la sometieron a la prueba científica para conocer sus características, para lo cual utilizaron bro­moformo y yoduro de metilo, con el resultado de que la piedra se hundió, muestra de que era jade.

Para confirmar el hallazgo, enviaron muestras de las ro­cas a seis diferentes laboratorios científicos en los Estados Unidos, los que por medio de la difracción de rayos X, confirmaron el hallazgo, habían encontrado jade del tipo jadeíta.

 

Un proyecto social

Ubicados los yacimientos de jade, en 1975, para cualquier empresario la alternativa lógica era iniciar una explotación formal y vender el material en bruto a quienes demandan dicho producto, como China, país que ha sido el mayor comprador. Pero los exploradores decidieron no di­vulgar la ubicación, con el propósito de preservarlos y prevenir la “fiebre de jade”.

Por el contrario, decidieron instalar una fábrica de transformación de jade en La Antigua Guatemala y enseñar a los obreros guatemaltecos, los descendientes de los mayas, como trabajarlo de la misma forma que lo hicieron los primitivos habitantes del territorio.

La operación minera era la recolección superficial de jade sin excavar la tierra, la misma técnica que los mayas, olmecas y otras culturas antiguas utilizaron para la recolección de las rocas. Cuando encontraban fragmentos grandes, que no podían ser cargados por las mu­las, quebraban la piedra en trozos más pequeños.

Entre 1978 y 1979, los esposos Ridinger cooperaron con el proyec­to “Mesoamerican Jade Project”, en el cual ubicaron sitios aproximados en mapas y publicaron fotos de las canteras, pero nunca permitieron el acceso a dichas áreas. Sus logros se difundie­ron por medio de muchos artículos y documentales.

El éxito de la empresa de jade empezó a llegar con el paso de los años, pero continuaron con la exploración.En febrero de 2014, al conmemorar 40 años del renacimiento de la industria de jade en La Antigua Guatemala, el legado de los Ridinger son 13 tiendas y 6 fábricas dedicadas a su venta y producción.

 

Aparecen los corruptos

En 1987 los Ridinger encontraron un área con dos tipos de jade desconocido por los arqueólogos: uno fue denomina­do “jade azul olmeca”, con tonalidad semejante a la del jade característico de las piezas de la cultu­ra olmeca; el otro tipo tenía incrustaciones naturales de metales.

En 1998 ubicaron nuevos yacimientos en las cer­canías del río Tambor, donde había rocas con tonos lila, morado, celeste y rosado. El labora­torio confirmó que estas piedras también eran de jade.

En 2002, “Jade Maya” había crecido y tenía 120 empleados. Algunos de los primeros trabajadores ha­bían formado sus propias y pequeñas empresas, lo que implicaba empleo a más de tres mil guatemaltecos. Sin embargo, todo cambió entre 2002 y 2003.

Un grupo de académicos reveló el secreto mejor guardado, publicaron mapas yubi­caciones de los yacimientos de jade y empresarios extranjeros, provenientes de Asia, llegaron y em­pezaron a realizar excavaciones ilegales con maqui­naria pesada, desplazando y amenazando a los agricultores en las áreas de los yacimientos.

El robo de jade se incrementó año tras año y a final de 2014, se estima que a Taiwán y China llegaron rocas de jade con un valor de más de 100 millones de dólares. Incluso se llegó a involucrar a la entonces vicepresidenta Roxana Baldetti, hoy en prisión, de favorecer la extracción en la Sierra de Las minas.

Las autoridades de seguridad han incrementado la vigilancia y acciones para disminuir el saqueo, las que paulatinamente han tenido éxitos, como el cargamento incautado en el kilómetro 106, ruta al Atlántico jurisdicción de San Cristóbal Acasaguastlán, El Progreso, valorado en un millón de dólares.

A ello se suma la conciencia de los pobladores por resguardar sus riquezas. En abril de 2015, pobladores de Pueblo Nuevo, Usumatlán, Zacapa, impidieron que varios sujetos robaran en un tráiler, una piedra de jade de grandes dimensiones. No dejaron pasar el camión y las autoridades llegaron para recuperar la pieza.

La extracción ilegal afecta seriamente la situación de los yacimientos de un recurso no renovable, pero acciones de pobladores y autoridades, que luchan contra la corrupción de alcaldes, policías, fiscales y administradores de aduanas, pueden lograr frenar esta depredación.