El jade entre los olmecas

El jade entre los olmecas

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Karl Taube

Aunque el jade trabajado aparece muy pronto en Mesoamérica, es hasta el Preclásico Medio (ca. 900-500 a.C.) que se generaliza en los sitios olmecas, especialmente en La Venta, Tabasco.

Las excavaciones aquí dejaron al descubierto exquisitos objetos de jade, entre ellos cuentas, orejeras y otras joyas labradas para los gobernantes locales. Asimismo, hay también hachas notablemente pulidas, algunas de las cuales muestran imágenes incisas relacionadas con el maíz. Cerca de La Venta se halla el arroyo Pesquero, donde a fines de 1960 se descubrió una gran cantidad de jade del Preclásico Medio. Junto a máscaras de jade de tamaño natural, se encontraron hachas con finas incisiones, algunas con una compleja imaginería vinculada al maíz.

En una de las más sobresalientes está una imagen central del dios olmeca del maíz, enmarcada por elementos en forma de hacha en las cuatro esquinas, delineando un modelo cósmico del mundo como un campo de maíz de cuatro lados en el que el dios del maíz que constituye el axis mundi (fig. 1). De manera esquemática, se trata del motivo “barra y cuatro puntos”, en el que la barra horizontal del centro sigue aludiendo a la deidad del maíz que se encuentra de pie en el centro de una milpa.

En La Venta, los olmecas también elaboraron una estela de esquisto verde con la forma de las hachas en las que se representaban imágenes del dios del maíz (figs. 2a-2c). Asimismo, la ofrenda 4 de La Venta contenía un grupo de figurillas, la mayoría de piedra, con hachas de jadeíta colocadas verticalmente como si fueran estelas. En otras palabras, las estelas eran enormes hachas, y las hachas eran estelas en miniatura.

Entre los olmecas del Preclásico Medio, las hachas de jadeíta y serpentina –una piedra verde similar pero más suave– se enterraban comúnmente en ofrendas. Entre las más notables de éstas se encuentran las ofrendas masivas de La Venta, en las que se halla un mosaico de losas de serpentina con forma de hacha sobre toneladas de serpentina en bruto, todo importado de áreas tan distantes como Oaxaca.

Aunque el mosaico se ha interpretado con frecuencia como una “máscara”, es en realidad un modelo del cosmos basado en la misma composición básica de las hachas incisas con el “motivo de la barra y los cuatro puntos”, en este caso con una hendidura en la parte superior, lo cual se relaciona con las hachas, el verde y el maíz en crecimiento. Así, una figurilla de jadeíta olmeca finamente incisa que se cree procede del río Pesquero representa el tocado del dios olmeca del maíz; en la parte posterior se ve una versión muy similar del mismo motivo.

La ofrenda 10 de La Venta está formada por hachas de jadeíta y serpentina dispuestas en forma de cruz, orientada hacia las direcciones cardinales más que a los puntos intercardinales. Esto es también cierto para otros sitios del Preclásico Medio, entre ellos San Isidro, Chiapas, y Cival, Guatemala. En el caso de Cival, se colocaron cinco hachas de jadeíta verticalmente en un foso en forma de cruz; la más fina de las hachas se encuentra en el centro; sobre ellas se colocaron cinco grandes ollas de cerámica, seguramente aludiendo a la lluvia que da vida a los jades “plantados”.

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Karl Taube. Doctor en antropología. Profesor de antropología en la Universidad de California Riverside.

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