Más de 500 mil hectáreas de bosque están en riesgo en Guatemala

Más de 500 mil hectáreas de bosque están en riesgo en Guatemala

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A finales de los 80’s y principios de los años 90’s, en los países centroamericanos se desarrollaron políticas relacionadas a la conservación de áreas boscosas, hídricas y culturales.

Los gobiernos crearon legislaciones estableciendo áreas protegidas para la conservación, pero enfatizando la restricción del derecho al uso sostenible de esos recursos y zonas específicas.

En Guatemala, mediante el Decreto Legislativo 5-90, se creó la Reserva de Biosfera Maya (RBM), el área protegida más grande del país, con más de 2 millones de hectáreas de bosque natural.

Esta reserva representó uno de los mayores retos para el CONAP, ya que tenía comunidades campesinas asentadas antes de su creación. Es así que se unieron con el Gobierno de Estados Unidos, por medio de USAID, para sumar esfuerzos para el desarrollo de un modelo de gestión sostenible.

La creación de capacidad organizativa y técnica para el desarrollo de este proceso era necesario para las comunidades, y es cuando la alianza entre ACOFOP, asociación de comunidades forestales de Petén, y Rainforest Alliance, organización internacional sin fines de lucro, surge en fortalecimiento de las capacidades técnicas de las comunidades forestales de Guatemala para la gestión de las concesiones forestales.

¿Qué son las concesiones forestales comunitarias y para qué sirven? 

Para dar continuidad al proceso de fortalecimiento nace la iniciativa “Clima, Naturaleza y Comunidades en Guatemala” (CNCG), en la que se promueve el desarrollo sostenible de las comunidades que son dependientes de los bosques y que respalda los esfuerzos para reducir los efectos negativos del cambio climático.

Las concesiones forestales comunitarias de Petén son el principal guardián de al menos 500,000 hectáreas de bosque de la RBM, que es parte de la Selva Maya, bosque más grande de Mesoamérica.

Esto se logra por medio de la promoción de un modelo de manejo de conservación exitoso de áreas protegidas a nivel nacional e internacional, logrando un balance real entre la conservación y el desarrollo social y económico.

Las bondades de este modelo han permitido desde hace 24 años no solo conservar la biodiversidad de ese paraíso natural por medio del aprovechamiento forestal sostenible de especies maderables, no maderables y los servicios turísticos, sino a la vez, generar bienestar para las comunidades que han vivido ahí por generaciones.

Hoy el país posee 9 concesiones forestales comunitarias activas, las cuales han hecho real y palpable el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

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