Una recuperación moderada, con daños que reparar

Una recuperación moderada, con daños que reparar

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Una trabajadora usa una mascarilla mientras corta madera en una fábrica de Tailandia. © Chatchai.wa/Shutterstock.

Se espera que la economía mundial se recupere en 2021 de la profunda recesión ocasionada por la COVID-19. Sin embargo, según la edición de enero de 2021 del informe Perspectivas económicas mundiales, la recuperación será moderada. No solo la producción mundial será muy inferior a los niveles anteriores a la pandemia, sino que incluso ese modesto repunte podría malograrse por una serie de riesgos, entre ellos las interrupciones en la distribución de las vacunas o la turbulencia provocada por la enorme deuda acumulada en muchos mercados emergentes y economías en desarrollo.

Para orientar e impulsar esta frágil recuperación de la salud pública y la economía, será crucial contener la pandemia y lograr una distribución rápida y amplia de las vacunas, a pesar de los impedimentos logísticos que existen en muchos países en desarrollo. Si bien se deberá seguir apoyando a las empresas y los hogares, esta asistencia se verá restringida por un espacio limitado para políticas fiscales y monetarias. A fin de evitar una década de crecimiento mediocre, se necesitarán reformas ambiciosas para revertir el legado negativo de la pandemia.

Avances más lentos

Las cifras son alarmantes y los desafíos son abrumadores.

Se proyecta que la economía mundial crecerá un 4 % en 2021 después de una contracción del 4,3 % el año pasado, la cuarta recesión mundial más profunda en los últimos 150 años, solo superada por aquellas relacionadas con las dos guerras mundiales y la Gran Depresión. La recuperación de este año supone que las medidas de control reducirán las tasas de infección y que el proceso de vacunación se acelerará para que la cobertura sea generalizada en todo el mundo hacia fines del próximo año.

Se espera que la producción en las economías de mercados emergentes y en desarrollo crezca un 5 % este año, pero esto tras los impactos económicos que echaron por tierra al menos 10 años de crecimiento del ingreso per cápita en más de una cuarta parte de los países de este grupo. La mayoría del aumento del PIB este año se deberá a China. Si se excluye a este país, las economías de mercados emergentes y en desarrollo crecerán a un ritmo más moderado del 3,4 % en 2021, dado que muchos países siguen enfrentando brotes del coronavirus.

Entre los países de ingreso bajo, se espera que el crecimiento económico llegue a un 3,3 % en 2021 después de una contracción de la actividad del 0,9 % el año pasado. A pesar de la recuperación del crecimiento, este está muy por debajo del ritmo previo a la pandemia. Además, se prevé que los ingresos per cápita serán más bajos en la mayoría de estos países, un signo del impacto en la reducción de la pobreza causado por la pandemia. Es probable que los impedimentos logísticos en la distribución de las vacunas, que podrían retrasar el proceso de vacunación hasta en un año en comparación con las economías avanzadas, representen un importante obstáculo para la actividad económica.

Incertidumbre y riesgos

A pesar de los pronósticos de crecimiento, si todo marcha razonablemente bien, las perspectivas siguen siendo muy inciertas y una serie de resultados diferentes son posibles. Un escenario a la baja en el que los casos se disparen a comienzos de este año, siendo necesarias más restricciones en la actividad, y en el que el proceso de vacunación se retrase, conduciría a una recuperación más débil y prolongada con un exiguo crecimiento mundial de 1,6 %. En caso de que las condiciones financieras se endurezcan drásticamente y las autoridades no sean capaces de controlar las tensiones financieras y los incumplimientos generalizados, se podrían producir crisis financieras, que posiblemente causarían una reducción de los ingresos en todo el mundo durante otros 12 meses.

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Yakarta (Indonesia), septiembre de 2020: Los pasajeros de un avión usan mascarillas y siguen los protocolos sanitarios durante la pandemia de COVID-19. © Sony Herdiana/Shutterstock

Entre las preocupaciones principales que se consideran en las perspectivas es de qué manera la pandemia exacerbó aún más los riesgos relacionados con la deuda que ya habían encendido señales de alerta incluso antes del inicio de la COVID-19. La deuda se puede usar para financiar inversiones que impulsen el crecimiento. Además, la pandemia ha creado la necesidad de préstamos a gran escala para financiar numerosas medidas de apoyo fundamentales. Sin embargo, los periodos anteriores de rápida acumulación de deuda están plagados de estimaciones negativas, y la magnitud y velocidad de la reciente acumulación de deuda genera inquietudes sobre la sostenibilidad de la deuda. Los encargados de la formulación de políticas deberán equilibrar la relajación de las medidas de apoyo fiscal y asegurar la sostenibilidad fiscal cuidadosamente para evitar el retiro prematuro de las medidas de respaldo que se necesitan. Quizás en algunos casos, se requiera el alivio de la deuda para que los países más afectados puedan ayudar a sus poblaciones más vulnerables durante la crisis.

Una seria consecuencia de la recesión de 2020 es que sus efectos pueden perdurar pese a la reactivación del crecimiento este año. Incluso después de que comience la recuperación, se espera que la economía mundial experimente un periodo prolongado de producción por debajo de la tendencia y pérdidas de ingresos significativas. El potencial de crecimiento mundial —la tasa a la que se puede sostener el crecimiento con pleno empleo y plena utilización de la capacidad— ya se estaba desacelerando antes de la pandemia. La COVID-19 impulsó por igual esta desaceleración en la economía mundial y las economías de mercados emergentes y en desarrollo.



Reparar el daño

Un esfuerzo integral en materia de políticas puede ayudar a anular algunos de los daños a largo plazo de la pandemia. Este puede incluir, específicamente, medidas que tengan un costo fiscal limitado, como mejorar la gobernanza y el clima para los negocios, fortalecer la eficacia del gasto en capital humano y físico, y fomentar la flexibilidad económica. Un esfuerzo extenso de un gran número de países para aumentar la inversión y la educación y reducir la brecha entre las tasas de participación laboral masculina y femenina podría revertir los impactos adversos de la pandemia en el potencial de crecimiento.

Una medida con un posible gran impacto será priorizar la inversión en proyectos de infraestructura ecológica con una elevada rentabilidad económica. Promover la adopción de tecnologías ambientalmente sostenibles puede respaldar un mayor crecimiento mitigando al mismo tiempo los efectos del cambio climático. Siempre que los efectos distributivos de las políticas ecológicas se gestionen y los proyectos se elijan cuidadosamente, los paquetes de estímulo que incluyan proyectos en los que se tiene en cuenta el medio ambiente podrán aportar beneficios creando empleo y aumentando la productividad.

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Guerrero (México), 17 de mayo de 2020: Un médico completa documentación antes de un examen de anticuerpos de COVID-19. © Daniel Elizalde S/Shutterstock

A medida que el mundo emerge de la recesión provocada por la COVID-19, una preocupación adicional es que la respuesta fomente futuras crisis. Para contrarrestar las presiones de los mercados financieros inducidas por la pandemia, algunos bancos centrales de mercados emergentes y economías en desarrollo han recurrido a medidas que antes se consideraban extraordinarias —la compra de activos, generalmente bonos del Gobierno— para respaldar la actividad económica. Estos programas, en un entorno de políticas monetarias flexibles adoptadas por los bancos centrales de economías avanzadas, parecen haber ayudado a estabilizar los mercados financieros en muchos países.

Sin embargo, en los lugares donde se perciba que estos programas están financiando déficits fiscales insostenibles, pueden socavar la independencia del banco central lograda con gran esfuerzo y la credibilidad para combatir la inflación. A fin de mantener esa credibilidad, será esencial asegurar que los programas de compra de activos sean consistentes con la estabilidad financiera del banco central y los objetivos inflacionarios.

A medida que se acelera la distribución de las vacunas, mejoran las perspectivas de lograr contener la COVID-19 y de reanudar gran parte de la actividad que se daba por sentada antes de la pandemia. No obstante, los encargados de la formulación de políticas deberán encontrar el equilibrio adecuado de iniciativas para apoyar la incipiente recuperación, preparar el escenario para un crecimiento sostenible e inclusivo y emprender las reformas para revertir, al menos en parte, el daño causado por la recesión.

Fuente Banco Mundial

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