El mineral que despierta una fiebre de “oro blanco”

El mineral que despierta una fiebre de “oro blanco”

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Actualmente, aproximadamente un cuarto de la producción mundial de cobalto es utilizada para activar dispositivos inteligentes.

Esas mismas baterías deberían equipar los futuros vehículos eléctricos llamados también “vehículos limpios” porque, se supone, liberarán a la humanidad de los hidrocarburos y contribuirán a disminuir las emisiones que alimentan el efecto invernadero.

La República Democrática del Congo, a pesar de ser uno de los Estados más pobres del planeta, está repleta de riquezas. No obstante, desde su colonización por parte del rey Belga, Leopoldo II, esas riquezas (recursos hidráulicos, oro, diamante, cobre, coltan, uranio y cobalto) fueron explotadas sistemáticamente para el único beneficio de los intereses occidentales.

Congo,el mayor productor de cobre de África, posee la mitad de las reservas de cobalto de todo el planeta y asegura más del 50% de su producción, o sea, cerca de 66.000 toneladas de un total global aproximado de 123.000 toneladas en 2016.

Los beneficios de esta producción se concentran mayoritariamente en las manos del gigante suizo Glencore (en las minas de Kamoto Copper Company y de Mutanda Mining) y de las firmas chinas China Molybdenum (TFM) y CDM. Para este año 2018, Glencore proyecta producir aproximadamente el 35% de la producción mundial de este metal precioso.

La producción mundial de cobalto está concentrada en dos países: la República Democrática del Congo, sumida en un profundo marasmo político, y China, que es el segundo productor mundial.

Esto implica riesgos importantes para empresas multinacionales que dependen fuertemente del suministro de este recurso, tales como Apple, Samsung, Volkswagen o Tesla. De hecho, recientemente, Volswagen anunció su decisión de instalarse en Ruanda para construir una fábrica ensambladora, con el propósito de acercarse a los yacimientos de cobalto de la RDC.

Por su parte el Estado congoleño “se beneficia muy poco de los ingresos del cobalto”, afirma Albert Yuma, presidente de la Federación de Empresas del Congo (FEC) y de la empresa estatal (Gecamines) que explota el cobre y el cobalto en la RDC, solamente 88 millones de dólares de un total de 2.600 millones de igual moneda de ingresos producidos por las compañías privadas en 2016, fueron a parar a las arcas de Gecamines.

Incluso Martin Kwabelulu, ministro de minas de la RDC y cercano al presidente de la República  Joseph Kabila, afirmó su deseo de aumentar la tasa de imposición fiscal y “en consecuencia, revisar el código minero ya obsoleto”.

Este código minero que favorece excesivamente a los capitales extranjeros, fue adoptado en 2002 bajo el dictado del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. La tasa de imposición fiscal inscripta es de solamente del 2% para el cobre y el cobalto.

A manera de ejemplo, y según un informe publicado en 2015 por el mismo FMI, la tasa de imposición del cobre en Indonesia es del 4%, en Zambia del 6% y en Chile del 14%.

El boom de la explotación de cobre en la RDC que pasó de una producción de 450.000 toneladas a un millón de toneladas en 2002, no benefició realmente ni al Estado – a excepción de algunos intermediarios bien ubicados – ni mucho menos al pueblo congoleño.

Esta vez parecería que las autoridades de la RDC están interesadas en beneficiarse más activamente del alza y de la expansión del mercado del cobalto. Sin embargo, esto no implica garantías en cuanto a la transparencia y a una mejor redistribución de los ingresos provenientes de esta renta. La pobreza sigue el camino de su historia.