La minería en Guatemala, un tema histórico parte I

La minería en Guatemala, un tema histórico parte I

En Guatemala, la actividad minera se dio principalmente en las regiones de Huehuetenango, Palencia y Antigua Guatemala.

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El Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN) hizo un análisis la actividad minera en Guatemala, iniciando en la época precolombina. Desde entonces ya se utilizaban minerales y rocas para la construcción y fabricación de herramientas.

Por los hallazgos recientes de herramientas de distintos materiales en Guatemala, el resto de países de Centroamérica, México y el Caribe, se ha podido establecer una relación entre la la ubicación de estas civilizaciones y sus actividades comerciales.

El modelo de explotación se situaba dentro del  esquema de encomiendas. Los materiales más deseados eran productos metálicos como oro y plata y los no metálicos como el jade.

En Guatemala, la actividad minera tuvo su auge en las regiones de Huehuetenango, Palencia y Antigua Guatemala.  Probablemente la mina más antigua de Guatemala, El Torlón en Huehuetenango, tiene sus orígenes  en el siglo XVI.

Durante la época independiente las actividades mineras continuaron y se emprendieron nuevos proyectos en regiones como Mataquescuintla, Jalapa, donde se descubrieron minerales importantes como el zinc, el plomo y el cobre.

Sin embargo, la industria minera nacional no tuvo mayor crecimiento, pero se continuó la producción a pequeña escala y de manera casi artesanal, en regiones como Izabal, Chiquimula y Jalapa

Minería del siglo XX

Durante el siglo XX, se pueden identificar iniciativas que reconocen la capacidad minera del país, aunque de manera incipiente. En el caso de la extracción de petróleo, entre 1916 y 1922 surgen las primeras legislaciones petroleras.

En ellas se reconoce oficialmente la existencia del hidrocarburo y se deja apreciar el potencial del país. Además, se abre la puerta a la  posibilidad de que sean inversiones extranjeras quienes realicen la explotación del combustible.

Hasta los primeros años del siglo XX, la propiedad de las canteras y de los minerales que se explotaban era de los dueños del suelo y no un derecho exclusivo del Estado.

Entre las reformas introducidas en 1921 a la Constitución Política de 1879,  que regía en ese entonces, se reconoce en el numeral siete del artículo 20, que le “corresponde a la Nación, y no es enajenable, el derecho de propiedad de todas las substancias inorgánicas, y las procedentes de la transformación de los orgánicos distintos de los componentes ordinarios del terreno, mientras aquellas se encuentren en el subsuelo, en cualquier forma, disposición y profundidad. Se exceptúan de estas disposiciones las aguas, los terrenos de acarreo, las canteras, el salitre, el azufre, el cloruro de sodio, los abonos orgánicos e inorgánicos y las demás substancias análogas y similares que establezcan la Ley de Minería, las cuales pertenecen al dueño del suelo”.

 En 1927 la Constitución Política, vuelve a ser objeto de cambios, reconociéndose entonces en el artículo 20 la propiedad de la Nación sobre los yacimientos de hidrocarburos en general, sus mezclas y derivados, siendo la propiedad inalienable e imprescriptible.

Pero a mediados del siglo XX hay un cambio importante en la política minera y petrolífera.

Después de la Revolución de Octubre de 1944, cuando se derroca al Presidente Federico Ponce Vaidez, se evidencia en la política un celo contra la industria minera, también cambia la animosidad respecto a las empresas internacionales interesadas en explotar los recursos naturales, petroleros y mineros.

En la Constitución Política de la República de Guatemala de 1945, en el numeral 7 del artículo 89 se establece como bienes nacionales “El subsuelo de la Nación, los yacimientos de hidrocarburos y los minerales, así como todas las substancias orgánicas e inorgánicas que determine la ley”. Por otra parte, en su artículo 95, indicaba que los contratos para explotar minerales o yacimientos de hidrocarburos podían celebrarse por un término no mayor a 50 años y con aprobación del Congreso de la República.

De esa cuenta, los hidrocarburos del país “solamente pueden ser explotados por el Estado, por guatemaltecos o por compañías guatemaltecas cuyo capital sea predominantemente nacional”.

A pesar de la oposición hacia la industria y las inversiones extranjeras, durante los últimos 50 años sobresalen algunos casos de minería que ameritan mencionarse y que pueden ayudar a entender muchas de las percepciones actuales hacia esta industria.

Uno de estos es el de la Compañía Minas de Guatemala, también conocido como “Minas de Ixtahuacán”. Entre 1958 y 1960 fueron aprobados los contratos para operar las minas de La Florida, Los Lirios, Anabella y Clavito, todas en el municipio de San Idelfonso Ixtahuacán, Huehuetenango.

Dichas minas empezaron a explotarse efectivamente a principios de la década de los 70, posicionando a Guatemala como uno de los principales productores de antimonio en Latinoamérica.