Los guardianes del pinabete que la Navidad amenaza extinguir en Guatemala

Los guardianes del pinabete que la Navidad amenaza extinguir en Guatemala

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A sus 68 años, Juan y Eleuterio caminan por el terreno irregular del bosque de los Cuervos en el municipio de Ixchiguán, San Marcos, en el occidente de Guatemala y a pocos kilómetros de la frontera con México. Están resguardando el bosque de pinabete de la amenaza navideña.

Estos dos guardabosques, que coincidieron en el trabajo en la última década, son los encargados de proteger el bosque que se nutre de árboles de pinabete, cuya especie está casi extinta por su tala ilegal previa a la Navidad.

“Se llama bosque de Los Cuervos pero hace más de 50 años se fueron todos los cuervos”, recuerda a Efe Eleuterio con una risa cansada de repetir la misma anécdota a cada visitante.

Según el director regional del Occidente del Consejo Nacional de Áreas Protegidas de Guatemala (Conap), Julio Estacuy, el 95 por ciento de la especie de pinabete, endémica del país centroamericano, ha desaparecido en los últimos 50 años en Guatemala.

“Las personas los talan ilícitamente para venderlos, pues las familias lo usan para árbol de navidad y les gusta el olor de las ramas”, apunta Estacuy.

De forma ilegal un árbol de pinabete para la Navidad puede conseguirse en aproximadamente 35 dólares.

Estacuy menciona que hay productores locales que trabajan con las autoridades y venden árboles jóvenes de pinabete de forma sostenible para mantener la especie viva y explica que “un árbol de pinabete autorizado con los métodos de control puede costar hasta 100 dólares, por lo que muchas personas prefieren comprar el ilegal que es más barato”, se lamenta.

 

Juan Ramírez Sandoval, el guardabosque de Los Cuervos, vivió siempre en la naturaleza, aunque por algún tiempo trabajó en el estado mexicano de Chiapas en diferentes oficios.

Mientras busca moras dulces entre los arbustos relata que las personas talan los árboles de pinabete para usar la madera para el fuego pero que principalmente arrancan las ramas de los árboles viejos para crear árboles navideños.

Con fuerza aprieta una rama y la acerca a su nariz. “Sienta como huele, este olor hermoso es lo que la gente quiere en sus casas y por eso botan los palos (de pinabete)”.

Eleuterio Ramírez Martínez, el otro guardián del bosque, es más reservado. Camina en silencio mientras recoge unas latas de cerveza que dejaron algunos muchachos en el bosque la noche anterior.

“Los árboles jóvenes de 8 o 10 años son los que más les gustan a la gente para comprar, porque tienen un buen tamaño para meter a las casas”, subraya.

En la Ciudad de Guatemala se venden unos 10.000 árboles legales en la época navideña. El Conap da incentivos en efectivo a los productores de pinabete que respetan el proceso y el impacto en los bosques, sin embargo el tráfico ilícito aún es muy fuerte.

“Tenemos que garantizar la reproducción de la especie, los comerciantes locales ayudan a diversificar el mercado y ayudan a la conservación”, dice el director regional.

Estacuy lamenta que con tantos problemas de seguridad en el país los juzgados e investigadores no dan prioridad a los traficantes de pinabetes. “Hay penas de cárcel de 5 a 10 años por la tala ilegal, pero la misma Fiscalía que ve estos delitos también debe atender casos de narcotráfico y otros delitos graves”, apunta.

A Juan, que dice conocer a la perfección las 35 hectáreas del bosque de Los Cuervos, le gustan los pinabetes más altos. “Son más viejos que yo o de mi misma edad” y señala algunos pequeños: “A esos solo mis nietos los van a poder ver tan grandes, nosotros ya no”.

Los dos ancianos siguen caminando por los estrechos senderos de Los Cuervos cuidando que nadie tale ni robe las ramas de los árboles que corren el riesgo de extinguirse por el consumismo de la Navidad.

“Es triste pensar que se llevan estos arbolitos para tirarlos en dos semanas después de las fiestas”, resopla Juan viendo hacia la copa de los pinabetes, esos seres codiciados y míticos del occidente guatemalteco.

EFE