Lo que la Corte Suprema ignora

Lo que la Corte Suprema ignora

Los honorables magistrados debieron informarse primero si realmente vive, aunque fuere dispersamente ese “pueblo Xinca”

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Silvia Tejeda, en su columna de opinión publicada el 7 de julio en el diario elPeriódico, se refiere al fallo emitido por la Corte Suprema de Justicia (CSJ), que suspende de manera provisional las licencias de exploración y explotación de Minera San Rafael, el que pone en riesgo el sustento de 85 mil personas.

Reproducimos su columna por ser de interés para nuestros lectores.

Pienso que el fallo de la Corte Suprema de Justicia en el caso de dejar sin efecto dos licencias de extracción minera a la empresa San Rafael, para suspender el funcionamiento de sus dos plantas: Juan Bosco y el Escobal no responde a que sea un fallo justo y apegado a la realidad, por la sencilla razón de que es ampliamente cuestionable todo el tema de la existencia del “Pueblo Xinca” como tal, ya que, como varios historiadores y antropólogos lo han expresado se trata de un grupo que vivió una precipitada extinción desde la época colonial. A finales del siglo XX afirmaban –tanto investigadores salvadoreños como guatemaltecos– que ya poquísimas personas –y muy ancianas– eran los vestigios humanos de un valiente pueblo, –no maya–, que se defendió con mucho coraje de la Conquista, y que Alvarado tomó a muchos de ellos como esclavos y se los llevó a su fracasado viaje de la conquista del Perú.

La Corte Suprema de Justicia otorgó el miércoles un amparo a quienes se defienden y argumentan que: “En este amparo no solo se alega del derecho de consulta a los pueblos, sino también la discriminación a los pueblos xincas que radican en la zona, y que el ministerio de Energía y Minas aseguró que no existían en el sector”. (‘elPeriódico’ 6-7-2017). Los honorables magistrados debieron informarse primero si realmente vive, aunque fuere dispersamente ese “pueblo Xinca” en los sectores de los pueblos de Santa Rosa de Lima, Nueva Santa Rosa, Mataquescuintla y San Rafael las Flores, como un vestigio lingüístico y cultural de esos grupos precolombinos que habitaron algunas zonas nada cercanas a estas poblaciones alrededor de las minas, y si eso no pudiera comprobarse y se tratara de “No haber consultado a los vecinos y pobladores actuales de esas zonas”, el tinte sería diferente. Tampoco debiera aceptarse ese jalado argumento de que se actúa de tal o cual manera “porque se defienden los derechos ancestrales de los Xincas” como suele argumentarse.

En las investigaciones etnográficas se ha percibido que en los pueblos y aldeas vecinos a las playas del Pacífico en Santa Rosa y Escuintla, algunas aldeas de Jutiapa y de Jalapa sí existieron escasos grupos de Xincas, pero ningún investigador serio afirma que vivan, casualmente, en esos poblados cercanos a los lugares mencionados. Antes de aceptar y dar por cierta esa falsedad de discriminación al pueblo Xinca, era pertinente preguntarse y asegurarse que hoy por hoy: ¿Dónde habitan, realmente los Xincas?

Desde otra perspectiva, y por la propia experiencia de mi vida, desde hace más de cincuenta años he recorrido infinidad de veces aldeas y caseríos aledaños a Chiquimulilla, Guazacapán, Pasaco, Moyuta, San Juan Tecuaco, Oratorio –donde los historiadores los ubican originalmente–, pero nunca he visto una familia, un grupo, un vestigio cultural o costumbrista que hubiera llamado mi atención por ser un grupo étnico diferente, mucho menos escuchar a algunos de mis conocidos hablar en una forma diferente. Sin embargo, he leído que es en algunos lugares de Jalapa –No en Santa Rosa–, donde se hacen muchos esfuerzos para que los vestigios de ese grupo, se multipliquen “nazcan más xincas”, y se haga cada vez más manifiesta su pervivencia. Este ya es otro cantar.

Lo que los honorables magistrados ignoran también es que el departamento de Santa Rosa es un departamento que pasó de pobre a pauperizado, porque era mayormente cafetalero y la roya literalmente lo destruyó como destruyó también miles de fuentes de sustento y de trabajo, no solamente para los Xincas sino para esos miles y miles de campesinos desnutridos y esqueléticos, que no se identifican con algún pueblo originario, pero que no alcanzan a comprender porqué están pasando tanta hambre aunque sigan sembrando maíz y frijol.

Porqué para ellos, en vez de buscarles privilegios teóricos y absurdos, los dejan morir de puro abandono. Lástima que la ley a veces cierre los ojos tan fuertemente y no discierna que, para proteger un pequeño círculo de intereses, muy cuestionables, no debiera sacrificar las fuentes de trabajo que se han animado a invertir en ese abandonado departamento de Santa Rosa.